Entrevistas          

 Lunes 26 de noviembre del 2007

 
 

                                                                              

Norma Fuller Osores, antropóloga

 

“Hay una situación general de las mujeres valen menos

 

Entrevista y foto por Gianmarco Farfán Cerdán

 

El 25 de noviembre se celebra el Día de la No violencia contra la Mujer, por eso conversamos con Norma Fuller Osores, una especialista en el tema para que nos describa la situación actual de las mujeres en el Perú, y el significado de ser mujer en un país machista como el nuestro. Ella es profesora principal en la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, obtuvo su Ph. D. en Antropología en la Universidad de Florida-Gainesville (EE. UU.), es especialista en el tema de género, autora de varios libros como Dilemas de la Femineidad. Mujeres de clase media en el Perú (1998),  Paternidades en América Latina (2000), Masculinidades, cambios y permanencias (2001), Interculturalidad y Política: Desafíos y Posibilidades (2003, como editora), y ha sido invitada a diversos programas de televisión para exponer sus conocimientos sobre el tema de género. También es graduada en Psicología Clinica en la PUC de Río de Janeiro (Brasil) y ha obtenido el Diplome d’Etudes Approfondies en Etnología de la Ecole des Hautes Etudes en Ciencias Sociales de París (Francia). Igualmente ha publicado artículos en torno a las identidades étnicas y de género en las revistas Debates de Sociología, Revista Peruana de Ciencias Sociales, Antropológica, Hojas de Warmi, y publicaciones extranjeras.

 

Doctora Fuller: ¿qué significa ser mujer en el Perú?

Significa muchas cosas. Siempre se dice que el Perú es un país muy variado y pluricultural, y es verdad, pero en todos los casos hay una marcada diferencia entre ser hombre y ser mujer. Hay una situación general de “las mujeres valen menos”, de mayor subordinación de la mujer, que es más o menos el tema con el que he trabajado siempre.

 

Por parte del gobierno, aparentemente hay un mayor apoyo a la mujer. Este gabinete  es el de más ministras en toda la historia republicana.

Todas las repúblicas modernas -que ya son antiguas, vienen desde el siglo XIX-, tuvieron dentro de su agenda la mejora de la situación de la mujer, y además un modelo de ciudadanía que se fue abriendo a sus derechos. Entonces, es un proceso mundial. El Perú, siendo una de las primeras repúblicas modernas, siempre tuvo en su agenda -aunque no lo creas- el tema de la mujer, desde la primera Constitución. Primero con una serie de agendas: la educación y el trabajo de la mujer, luego sus derechos legales. No ha sido un tema ajeno. Luego, a partir de finales de los años sesenta el movimiento por los derechos de la mujer ha sido muy activo, muy influyente, ha sido uno de los movimientos más influyentes del siglo XX. Y pasó a la agenda política -por lo menos hablada- a nivel de acuerdos. El Estado Peruano ha ido firmando una serie de compromisos y acuerdos que lo comprometieron con una serie de políticas de mejora de la situación de la mujer -que lo han firmado prácticamente todos los Estados que están en la Convención de Naciones Unidas-. Por un lado tiene una serie de compromisos y acuerdos, por otro lado las grandes agencias de cooperación o que trabajan con ONGs han impuesto el tema de género en su plataforma. O sea, desde los años ochenta todos los proyectos de desarrollo, las cooperaciones, han obligado a que se ponga el tema de empoderamiento de la mujer, de mejoramiento de la situación de la mujer. Eso ha sido bastante marcado. Y respecto al gobierno actual, ahora todo gobierno políticamente correcto propone una igualdad de participación política. Entonces, se ha convertido en una especie de…

 

Un estándar.

Un estándar que mide la corrección política. Además, las mujeres somos la mitad de los votantes. Las mujeres de los sectores populares están mucho más organizadas que las de los sectores medios y altos, que no están nada organizadas. También son una clientela política a la que hay que atender.

 

Pero esta tendencia política de apoyo hacia la mujer empezó en Colombia. Fue el presidente Uribe el que tuvo por primera vez un gabinete con muchas ministras: era la mitad del gabinete con ministras. ¿Estamos siguiendo un modelo colombiano?

Es un modelo estándar, un modelo ideal. Una de las luchas ha sido la ley de cuotas. El ideal es que si hay una mitad de población femenina y una mitad masculina, estén igualmente representados.

 

Gabinete paritario.

Gabinete paritario. Tengo entendido que Lula tiene bastantes mujeres en su gabinete, Chile creo que sí tiene paridad o si no la tiene totalmente, casi. Uribe es un presidente muy moderno: de derecha, pero una derecha moderna. Entonces, es consistente. No creo que estemos siguiendo un modelo colombiano, estamos siguiendo un modelo general. Te da un certificado de corrección política el tener paridad, te da bonos como partido en el gobierno.

 

Sin embargo, este apoyo gubernamental -aparentemente de una política- no se refleja en la realidad. Cada año hay más denuncias de abusos por parte de las mujeres hacia sus cónyuges o convivientes. ¿Por qué esta disociación?

Hay varias lecturas a este tema. Lo estoy investigando ahora y todavía no tengo una hipótesis. De repente no hay necesidad, no todo tiene que explicarse de una sola manera. Hay varias, una es que la sociedad peruana es enormemente patriarcal. Los hombres han tenido y tienen enormes privilegios. Ser hombre ya es un título de nobleza aquí, y ser mujer te disminuye. Ya no, felizmente, a nivel legal pero sí a nivel de las costumbres y las normas de actuación. Entonces, el lugar del hombre en la casa es el lugar del jefe: él guarda la última palabra. Las mujeres son criadas para aceptar esa autoridad y los hombres para considerar que parte de su identidad es ejercerla, y cuando surgen conflictos pues deben de reafirmar su lugar. Existe esto, y por otro lado también existe una cultura en la cual la disciplina se ejerce sobre el cuerpo. Al niño se le pega para castigarle: “letra con sangre entra”, y así sucesivamente. Esa es la herencia que tenemos, que ha ido cambiando mucho en el último siglo, probablemente a partir de Rousseau. Ha habido un lento cambio en estas normas de educación, de manera masiva, en toda la sociedad peruana, llegando a todos los lugares de la sociedad de una manera u otra en los últimos cincuenta años. Son pocas las personas que te van a argumentar que al niño se le pega como forma de castigo aunque lo hagan. La forma de resolver los conflictos en el cuerpo, imponer autoridad y disciplina en el cuerpo, es algo que heredamos como cultura pero que ahora está cuestionado. Hay dos temas que están cuestionados: la autoridad del varón -que puede ser una autoridad conversada, madura, pero siempre autoridad-, y la imposición de la disciplina a través de la mujer. Esto ya no es tan aceptado, y precisamente por eso hay muchas denuncias, porque hombres y mujeres ya no están aceptando que el conflicto esté instalando en el cuerpo la solución, la forma de castigo. Esa sería una explicación: porque ya no se acepta, porque las mujeres están siendo más concientes de sus derechos, hay muchas más denuncias. Y por otro lado, el Estado Peruano ha suscrito muchos tratados, ha intentado una serie de leyes, de programas, y ha invertido muchísimo tiempo, dinero y energía -de lo poco que se tiene- en campañas de combate a la violencia. Eso hace más visible el problema. Antes estaba más naturalizado, como todavía de alguna manera sigue naturalizado pegarle a los niños porque es también una forma de resolución. Esa madre que le pega a un niño cree que la solución para imponer autoridad es a través de los cuerpos.

 

Inclusive, a pesar de que la mujer ha avanzado en sus derechos, en sus capacidades sociales -puede tener mejores trabajos y todo-, sigue el maltrato hasta para la mujer profesional. Un ejemplo claro es el de la congresista Luciana León, que la tildan de “calabacita”, “niña bonita tonta”, simplemente por el hecho de ser una mujer atractiva, aunque tiene una maestría en Gobernabilidad. Es sorprendente cómo a pesar de ser una mujer más calificada que muchos hombres, en los programas de humor de Carlos Álvarez y Jorge Benavides la hacen quedar como una tonta. También en la conversación cotidiana puede uno percibir esa minimización: “a pesar que tú tengas logros, eres mujer y te voy a reducir”.

Claro. Tú lo acabas de decir. Una asociación de todo lo que es femenino, de los valores femeninos, con la incapacidad en la vida pública.

 

Y peor si es bonita.

Y peor si es bonita. Pero ese es un valor femenino. Todo lo que sea valor femenino, todo lo que te acerque a lo que se considera femenino te discapacita, te inhabilita. Y para habilitarte tienes que acercarte a lo masculino: ser afirmativa, tener autoridad, conocimientos. Interesante es esa asociación: los hombres no son bonitos, son atractivos. Es una cultura que se hereda, que desvaloriza a la mujer cuando sale de su ámbito. Una es sagrada en cuanto es madre, en cuanto es esposa, pero en los otros ámbitos se te asume con ciertas discapacidades.

 

¿El hecho de ser joven te discapacita más, siendo mujer? Inés Temple es una líder de opinión y Beatriz Boza también. Y Luciana seguramente lo será, pero por el hecho de ser más joven…

También, porque no sólo hay jerarquías de género sino jerarquías de edades. Los hombres pueden aceptar cierto mando de una mujer que es una generación mayor, pero de una generación menor o igual, no. Me acuerdo de unas entrevistas que hice sobre el tema trabajo, eso salía bien claro: los hombres podían aceptar tener una jefa mujer siempre y cuando fuera una generación diez, quince años mayor, pero una mujer de la misma edad era inaceptable.

 

Y usted, ¿personalmente ha sentido esa discriminación por ser una persona capacitada, reconocida?

Es más sutil, porque yo vivo en un medio muy especial...

 

Académico.

…en una torre de marfil. Y por otro lado, por mi especialidad, como es género, no he tenido que competir con hombres. Entonces, creo que lo he vivido menos, porque vivo en un mundo diferente. En cambio, en la vida diaria sí. Si voy a un mecánico va a asumir que no sé nada de carros y me va a tratar de robar, je… o cosas por el estilo. En todos los otros aspectos se asume que sé menos o necesito la protección de un hombre, que la ciudad, fuera de ciertos ámbitos y barrios se vuelve peligrosa. O debo tener cuidado en cómo trato a los hombres para que no asuman que estoy exigiendo, tener cuidado con mi conducta… Exigencias sutiles y no sutiles que tenemos las mujeres.

 

Pero ¿hay un avance considerable del tema género o es muy lento, en estos últimos años?

Ha habido. Primero, en términos formales ya no hay ninguna diferencia legal entre hombres y mujeres. Cuando antes una mujer nunca era mayor de edad. Eras mayor de edad cuando te casabas, pero el marido tenía autoridad sobre ti. Y si no te casabas, tu padre te atendía. El hombre tenía automáticamente la patria potestad de los hijos, decidía donde fijar la residencia, tenías que pedirle permiso al marido para trabajar. Era mejor ser soltera que casada, de alguna manera. Después, disponía de los bienes, era el administrador natural de los bienes. Pero todas ya se abolieron. No hay ninguna discriminación formal en términos legales, que sí había entonces. En términos reales, las carreras mejor pagadas son de mayoría masculina, aunque están cambiando. En los sectores educados es donde más cambios ha habido, las mujeres ahora son médicas, abogadas. Pero cuando las mujeres están igualmente educadas que los hombres se encuentra lo que se llama el “techo de cristal”: ellas suben en la carrera pero llegan a un punto en que los más altos cargos ejecutivos -la mayoría- son de hombres, igual ocurre en la política. En los sectores populares los hombres monopolizan prácticamente todos los trabajos y las mujeres están confinadas a trabajar en servicio doméstico y como vendedoras de pequeñas mercancías.

 

Ambulantes.

Ambulantes, o en el pequeño mercado. Son muy pocas las que trabajan en industrias de confección, electrónica. Pero los choferes de taxi y combi, los trabajadores portuarios, los mineros… Los hombres monopolizan el 90% del mercado de trabajo y siguen ganando más. Incluso en el campo, el salario de una mujer es menor que el de un hombre.

 

Esta monopolización de los trabajos, esta discriminación por el simple hecho de ser mujer…

Es un orden social. Así estaba ordenado el mundo y así ha estado por miles de años. Los hombres monopolizaban los medios de producción, la política, etcétera. Las mujeres estaban sometidas a ellos. En la Inglaterra del siglo XII, un marido podía vender a su mujer para pagar deudas, tenía derecho a pegarle. Las mujeres se han ido ganando derechos, pero en la sociedad occidental la mujer ha estado en una situación de enorme subordinación, que también varía de país a país. En la sociedad andina la mujer era normalmente subordinada. Así como había clases sociales y unas tenían privilegios y otras no, había un género que tenía muchísimos más privilegios y tenía al otro a su servicio.

 

Cuando una mujer acude a un centro de salud a denunciar una agresión o que ha sido víctima de violación, muchas veces le dicen: “¿qué habrás hecho tú para provocar esto?”. ¿Por qué esta reacción?

Ahí hay dos explicaciones. Una es que en realidad, si uno analiza los textos en que las personas van contando cómo se dan las situaciones de violencia, hay un sobreentendido de que la mujer no debe pasar ciertos límites, no debe provocar al hombre. Incluso se nota que en las parejas jóvenes a veces hay episodios de violencia y luego él dice: “bueno, ella ya aprendió hasta dónde puede llegar”. Entonces, las mujeres aprenden que hasta aquí pueden llegar y no deben provocar la violencia masculina. Eso explica “¿qué es lo que tú has hecho? También lo has provocado”, por un lado. Y por otro, también las mujeres podemos ser muy agresivas y violentas. Muchas veces la violencia masculina es en respuesta a un ataque físico de la mujer, otras no. Eso no falta. El punto es quien pega más, cuánto es el nivel de maltrato, pero en una pelea individual creo que están las dos cosas. No sólo la idea aceptada de que corresponde a la mujer evitar que se llegue hasta la violencia, que ella debe saber cómo: “cálmate papito”. Eso es tarea femenina por un lado, por una cuestión de quién vale más ahí, y luego, para pelear se necesitan dos, no hay que desestimar la idea de que hay mujeres más agresivas que los hombres.

 

Y la píldora del día siguiente, ¿refleja que ahora hay mucha más libertad, más capacidad de decisión por parte de las mujeres en cuanto a su vida sexual?

Sí, creo que es uno de los grandes factores que va a cambiar la situación de la mujer. Es una de las líneas duras, porque eso ya no depende de la ley o la costumbre, sino que realmente hay una posibilidad efectiva de que las mujeres cambien un vector que las fragilizaba: la vida sexual. Para ellas significaba tener un hijo cada dos, tres años, y a la larga eso hacía que tuvieran cuidados muy grandes respecto de su sexualidad, lo cual generó que las relaciones sexuales estuvieran tremendamente cargadas por el lado de la mujer. Entonces, se abre para ella un espacio en el cual decide si quiere tener hijos o no -que es más importante para la mujer en términos de cambio, que si quiere tener vida sexual o no- de una relación. Porque hay otra forma de ejercicio de poder: “tienes mis hijos si yo quiero tenerlos”. Ahora, si quieres los tienes, si no, no. Decidir cuántos hijos vas a tener, planificar. Dedico diez años de mi vida a tener hijos y paro, recomienzo, ese tipo de cosas.

 

¿El matrimonio sigue siendo una parte esencial en la vida de las mujeres modernas, jóvenes, o ya solamente es una elección más que podrían tener en su abanico de posibilidades?

Pienso que se va a volver más individualizado, abriendo más opciones a las mujeres. Ahora vamos a ver emerger modelos y estilos diferentes de mujeres, entre ellas, una población -que siempre va a ser pequeña- que opte por no tener hijos, mujeres que opten por tenerlos tarde, mujeres que opten por tenerlos temprano, o tener dos tandas en número de hijos. Todo eso va a ser más diferenciado. Siempre va a ser importante para hombres y mujeres la pareja y la procreación. Eso pertenece a la vida afectiva, tanto de hombres como mujeres, pero va a ser mucho más diferenciado.

 

¿Qué es lo mejor de ser mujer, usted que tanto ha estudiado el tema género?

Lo mejor de ser mujer es ser mujer. Es difícil explicarlo. Es una manera de sentir y estar en el cuerpo que no se puede decir qué es, porque varía según el tiempo y la historia, pero es una sensación. Que a uno le guste su cuerpo básicamente, o que le guste su gama de emociones… Cuando una se enamora se enamora como mujer, y enamorarse es lindo, entonces te gusta eso. Una vive desde un cuerpo y afectos de mujer. ¿Cómo son? Cambian según el tiempo y la historia, pero cuando los vive, los vive como mujer. Y -en esto no todo el mundo va a estar de acuerdo conmigo- ser madre es absolutamente maravilloso. Supongo que ser padre también, pero como una es madre desde un cuerpo de mujer, es una experiencia maravillosa. No creo que para todos, pero es fabulosa.

 

 

 
 

 

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Gianmarco Farfán

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